lunes, 24 de septiembre de 2012

Pablo Neruda: Sube a nacer conmigo, hermano (*)


SUBE a nacer conmigo, hermano.


Dame la mano desde la profunda 
zona de tu dolor diseminado. 
No volverás del fondo de las rocas. 
No volverás del tiempo subterráneo. 
No volverá tu voz endurecida. 
No volverán tus ojos taladrados. 
Mírame desde el fondo de la tierra, 
labrador, tejedor, pastor callado:
domador de guanacos tutelares:
albañil del andamio desafiado:
aguador de las lágrimas andinas:
joyero de los dedos machacados:
agricultor temblando en la semilla:
alfarero en tu greda derramado:
traed a la copa de esta nueva vida 
vuestros viejos dolores enterrados. 
Mostradme vuestra sangre y vuestro surco, 
decidme: aquí fui castigado, 
porque la joya no brilló o la tierra 
no entregó a tiempo la piedra o el grano:
señaladme la piedra en que caísteis 
y la madera en que os crucificaron, 
encendedme los viejos pedernales, 
las viejas lámparas, los látigos pegados 
a través de los siglos en las llagas 
y las hachas de brillo ensangrentado. 
Yo vengo a hablar por vuestra boca muerta.

A través de la tierra juntad todos 
los silenciosos labios derramados
y desde el fondo habladme toda esta larga noche 
como si yo estuviera con vosotros anclado, 
contadme todo, cadena a cadena, 
eslabón a eslabón, y paso a paso, 
afilad los cuchillos que guardasteis, 
ponedlos en mi pecho y en mi mano, 
como un río de rayos amarillos, 
como un río de tigres enterrados, 
y dejadme llorar, horas, días, años, 
edades ciegas, siglos estelares.

Dadme el silencio, el agua, la esperanza.

Dadme la lucha, el hierro, los volcanes.

Apegadme los cuerpos como imanes.

Acudid a mis venas y a mi boca.

Hablad por mis palabras y mi sangre.
__________
(*) Poema no rotulado. Título nuestro. Poema del libro 'Canto general', parte titulada 'Las alturas de Macchu Picchu'

viernes, 21 de septiembre de 2012

Pablo Neruda: Lejos de aquí... India (*)

LEJOS DE AQUÍ

India, no amé tu desgarrado traje, 
tu desarmada poblaciòn de harapos. 
Por años fui con ojos que querían 
trepar los promontorios del desprecio, 
entre ciudades como cera verde, 
entre los talismanes, las pagodas 
cuya pastelería sanguinaria 
esparcía terribles aguijones. 
Vi el miserable acumulado, encima 
de otro, del sufrimiento de su hermano, 
las calles como ríos de congoja, 
las pequeñas aldeas aplastadas 
entre las gruesas uñas de las flores, 
y fui en la muchedumbre, centinela 
del tiempo, separando ennegrecidas 
cicatrices, certámenes de esclavos. 
Entré a los templos, estuco y pedrería 
hacen Jas gradas, sangre y muerte sucias, 
y los bestiales sacerdotes, ebrios 
del estupor ardiente, disputándose 
monedas revolcadas en el suelo, 
mientras, oh pequeño ser humano, 
los grandes ídolos de pies fosfòricos 
estiraban las lenguas vengativas, 
o sobre un falo de piedra escarlata 
resbalaban las flores trituradas.

___________
(*) De la obra 'Canto general', capítulo 'Yo soy'

miércoles, 13 de junio de 2012

Relato de la Onda Pesquera (*)


(*) Germen del cuentecillo: la palabra algoritmo

A: apuesta
L: lateral
G: genio
O: orden
R: radio
I: islote
T: tablón
M: moreno
O: ovalado

Frase: Se oye por la radio pesquera la noticia de que arribaría al islote, en un tablón ovalado, el genio moreno. Y ellos, los locutores, han apostado por el lado verdadero de la información. Por eso la dan.
___________________
Se oyó por la radio pesquera, poco antes del amanecer, que arribaría al islote, navegando en un tablón ovalado, el genio moreno. El moreno vendría acatando órdenes recibidas de arriba, de las altas esferas.

La emisora elaboró la noticia a partir de sucesos acaecidos recientemente; hechos que entroncaban con creencias y leyendas muy antiguas; algunas aun en la mente de muchos y otras casi olvidadas,  sobre todo por la juventud. Y, como se debía la radio a sus oyentes, avisaba de ello. Para que todos, absolutamente todos, supieran a que atenerse.

Los seres del islote, sabiendo de la seriedad de sus informaciones, no en vano, los locutores o eran pescadores o hijos del gremio, se fueron congregando en el embarcadero y sus aledaños. Si alguien hubiera estado en el peñasco mas alto del islote hubiera visto encenderse, casi a un mismo tiempo, las ventanas del poblado; y casi de repente apagarse y salir los moradores de sus casas rumbo al puerto. 

Padres e hijos llegados al embarcadero miran inquietos el horizonte marino. A esas horas tempranas del amanecer el mar, en calma chicha, parecía confundirse con el cielo en un gris blanquecino. De cuando en cuando, en las proximidades del puerto, el agua se rompía levemente y los peces saltaban a oxigenarse y sin duda a saludar a las gentes congregadas. Luego retornan  en zambullida al mar, produciendo pequeños círculos concéntricos que lentamente desaparecen. Se serena el agua semejando a un cristal hasta donde se confunden mar y cielo en horizonte grisáceo.

Según avanza la mañana la zona cristalina se amplia. Del mar se eleva ahora un vaporcillo en girones. Son las nubes que, lentamente, se separan del agua. El mismo islote se despeja. Sus contornos circulares dejan ver las orillas opuestas al puerto, antes cubiertas por la neblina. Algunos lo notan volviendo la vista atrás diferenciando la isla del firmamento.

En estos instantes la radio pesquera recuerda a los espectantes isleños la leyenda del genio moreno quien, navegando majestuosamente en un tablón ovalado, un día vendrá a juzgarlos a todos por los pecados cometidos. 

Es el genio moreno un ser vengativo. Es cierto. Tiene razones para ello. La leyenda habla de una revuelta de esclavos traídos desde África. Los castigos de los negreros, la desesperación por no volver a ver sus seres queridos y la esperanza de un retorno a la tierra que se desvanece cada día que pasa mueven a los negros a revolverse; se sublevan, cogen armas y se lanzan contra los blancos del barco donde están aprisionados; pero son derrotados; entonces al genio moreno, que es el líder, lo abandonan y es arrojado al mar; según la leyenda volverá un día a pedirles explicación a los descendientes, o en su caso a vengarse de la inacción... 

Pero es vengativo y justo. Lo ha sido siempre. De tal modo que suele avisar, eso se cree, a ciertos marineros de sus crímenes y, si no hacen caso, como a menudo ocurre, les castiga. Pero antes advierte. 


De ahí que de, cuando en cuando, se cobrara alguna vida entre los isleños ahogándolos en el mar. Entonces, solo entonces, arrepentidos, acudían a la ermita del Santo Moreno. Cubrían de peces las escalinatas del templo. Mientras los monjes les recriminaban sus acciones criminales. Se miraban unos a otros intentando adivinar quien era el compañero o compañera que había cometido tales excesos malignos. Los monjes, no obstante, siguiendo la política del palo y la zanahoria a continuación agradecían sus suculentas dádivas marineras anunciándoles que ya percibían cómo la cólera del genio moreno se iba aplacando por su generosidad. Y daban por terminada la ceremonia. Los pescadores y sus familias se retiraban. Pronto olvidarían las recriminaciones. Tienen que volver a sus trabajos. Sin la pesca no hay comida para sus hijos. 

Así se ha repetido en multitud de acasiones. Mas, con el paso del tiempo, las visitas a la ermita y los regalos a los monjes se han ido transformando en folclore; y la dádiva de hermosos pescados ha devenido en fiesta anual; la cual termina en jolgorio y merienda de  peces asados en parrilla en comunión masticadora con los monjes que, de paso, bendicen el acto. 

Mas ha llegado la hora en que la leyenda del genio moreno cobre fuerza sobre el tablón ovalado, se renueve, y los incrédulos crean a pies juntillas porque, según la radio pesquera, se hará visible en unos pocos minutos.

Algunos no las tienen todas consigo. Son, caro está, los de mala conciencia.

La radio les informa de que en el islote A ya han visto señal de la próxima llegada del genio moreno con la llamarada zigzagueante del relámpago. La culebrina se ha asomado al cielo y al tiempo que las aguas comienzan a agitarse.

-¡Oh! -gritan los congregados y un hilo de terror recorre sus corazones.

La radio pesquera dice a los niños que estén atentos, no se distraigan jugando pues el genio moreno les trae regalos para todos... menos para los que no guarden decoro. Los niños aplauden y gritan de alegría.

-¡Bien! ¡Viva el Santo Moreno!

Exclamaciones que no casan con las creencias de sus padres que están muy inquietos.


La radio pesquera se calla.  Emite música clásica.

Los espectadores del embarcadero, tanto los que están cerca y los que están mas alejados, los que se hallan sentados, los que están de pie, los arrodillados, los subidos en los terraplenes, en los lindones, en las peñas,  los que sonríen, los serios, los llorosos, los escépticos, los que miran con la boca... fijan los ojos en el agua. Se ha levantado un poco de viento. Las mujeres recogen sus faldas levantadas. Algunas se sientan. Los hombres agarran los sombreros amenazados con irse de sus cabezas. Algunos se los quitan de la testa. Murmullos. Los ancianos ordenan callar. Las aguas empiezan a ondularse. 

-La cosa va en serio -dice uno.

La radio vuelve a transmitir noticias. 

-Según fuentes de todo crédito los habitantes de los islotes C, D, E, se están acercando a las playas de sus islotes. Al parecer el genio les ha avisado que, en breve, pasará de islote en islote camino del nuestro. Y va a juzgar, tanto a los vivos como a los muertos.

-¡A mi padre no, por favor! -grita desesperada una mujer.

-Será justo y bondadoso a pesar de ser omnipotente, les ha dicho, categórico, a las gentes de esos islotes, por intermediación de los monjes -termina diciendo radio pesquera.

Por los micrófonos anuncian que la señorita Isleñina, que todos conocen, les dirigirá unas palabras desde el lecho donde está postrada por cruel enfermedad.

-Queridos amigos y amigas -comienza la enferma- no he podido unirme a vosotros a la espera del genio moreno. Que él me perdone. Mis oraciones van encaminadas a que Él nos colme de felicidad. Yo sé que es justo y sabio. Hará que los mares se cubran de peces para que no haya nadie que pase hambre. Impulsará la igualdad para que sea el común denominador de nuestra isla. Y que el amor y la amistad inunden los corazones. Y la desconfianza, el recelo y el odio de unos a otros desaparezca para siempre, que...

La radio pesquera corta el discurso de Isleñina. Agradece sus palabras. Algunos protestan. Otros reaccionan arrodillándose. Rezan. Lloran. Confían. Miran al mar. Se miran entre ellos. Se les ilumina el rostro. Tienden las manos hacia el agua. Si. En el horizonte marino el tablón. Eso parece. Se eleva en la cumbre y se hunde en el valle. Baila en el oleaje. El mar se agita. Se encrespa. Ruge sordo.

La radio pesquera informa ahora de que los habitantes del islote B ya perciben el tablón ovalado y el ruido de los remos chocando con el agua. Y, en medio, el genio moreno confundido con el azul.

-Si los del B ya lo ven... pronto estará aquí. Es el inmediatamente anterior al A. 

Es decir al suyo. Los minutos pasan. Si antes vieron como se elevaba y se abajaba ahora ha desaparecido de la vista. Solo las olas cada vez mas grandes se adueñan del mar. Rompen en el embarcadero. Los barcas de los pescadores se mecen arriba y abajo. Algunos chocan con otros. De momento sin peligro de astillarse. El cielo azul. Sin nubes. El aire mueve los arboles. La radio pesquera se oye ahora muy debilmente. Las gaviotas se lanzan al mar en busca de pescado. A mar revuelto ganancia de gaviotas rapaces.

-Mal rayo las parta -maldice un pescador.

-¡Allí! ¡Mirad allí! -grita una isleña.

Las miradas se concentran. Rostros ansiosos, atónitos. Algunos con un poco de miedo. Todos ven el tablón ovalado y en medio, confundido con el azul del mar, el genio moreno.

-Rema majestuosamente -dice uno y todos asienten.

El tablón se acerca. Ovalado.

Un niño dice algo a otro que está junto a él y este al siguiente y así sucesivamente.

-Es moreno de verdad el genio. Como nuestros antepasados esclavos - reflexiona uno.

-Si, es oscuro como el azul del mar, como la noche -asegura otro.

-Y negro como boca de cocodrilo -aseguran todos.

Los niños, que han cogido cantos, tiran al tablón ovalado. El impacto hace mover la tabla.

-¡En el tablón no hay regalos! ¡En el tablón no viene nadie! -gritan los niños.

Y los espectadores adultos del embarcadero no tiene mas remedio que admitir, desaparecidas las telarañas de la ilusión, que lo que ha llegado no es mas que un tablón de forma oval.

Mas, algunos piensan que es un Ser, superior al genio moreno, quien lo ha destronado lanzándolo al agua; allí se ha ahogado como él ahogó a muchos. Hincan la rodilla en tierra y entonan loores al nuevo Ser, superior al genio moreno. Los monjes toman nota. Los niños, lanzándose al agua, juegan con el tablón que debajo tiene una cuerda.

La radio pesquera, enterada de que el camelo ha sido descubierto por los niños, aclara ser una broma, inventada por los locutores, lo de la  arribada al islote, navegando en un tablón ovalado, del genio moreno. Pide disculpas y emite canciones infantiles.

martes, 13 de diciembre de 2011

Caso Urdangarín... ¿la punta del iceberg?


Urdangarín, Urdangarín, Urdangarín... Semanas y semanas hablando y escribiendo de él. Pero, ¿a quién le importa este personaje que fue jugador de balonmano? A nadie. Cuando alguien habla o escribe de este vasco se está refiriendo a la Casa Real, a la Monarquía.  Y cuando se habla o se escribe de su suegro, Juan Carlos I, las ideas están apuntando a la Casa Real, a la Monarquía. Porque, ¿a quién le importa la persona de Juan Carlos de Borbón educado por el odiado dictador F.Franco y puesto por él de rey? ¿A quién le importa ese Borbón que vino a España, traido por el dictador, con una mano adelante y otra atrás, es decir sin un duro, y ahora ha amasado una fortuna limpiamente u oscuramente? A nadie del pueblo le importa nada. Pero, si están preocupados los poderes fácticos y los políticos que han construido este estado monárquico de las autonomías, donde ellos y la banca y las grandes empresas y la Iglesia Católica y el Ejército, hacen y deshacen a su antojo. Les quita el sueño no porque Juan Carlos I sea, según Martinez Inglés, la 'España de la banda de borrachos, puteros, idiotas, descerebrados, cabrones, ninfómanas, vagos y maleantes' transformado por la propaganda en cachondo, simpaticón, mujeriego, campechano, bebedor... porque, incluso, esas facetas, ante un sector del pueblo, lo hace popular.

-Es un macho. Todo un hombre. Con muchos cojones -dicen queriendo vivir opíparamente como el monarca.

No. Esto no les preocupa lo mas mínimo mientras la máquina del Estado funciones bien aceitada.


Ahora bien, en este momento de crisis, con tantos parados, pequeñas empresas y pequeños comercios cerrándose, que venga ahora un urdangarín cualquiera, yerno del Jefe del Estado, del Rey, y se le descubran cobros de millones de euros, enriqueciéndose, sin dar palo al agua, por ser quien es, usando su pertenencia a esa Casa Real para el lucro privado, no debe de verse, ante la mayoría del pueblo español en crisis, con buenos ojos. 


Pueblo que se hace preguntas: ¿cómo es que la Casa Real no se ha enterado de esos chachullos? Parece increible. Porque esa real casa cuenta con instrumentos, con herramientas, con agentes suficientes, para indagar en la vida y milagros de todos sus miembros. Entonces, ¿por qué lo ha consentido? ¿No es el Rey, Jefe del Estado, Jefe de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, responsable de la Casa Real? Y si lo sabía; ¿por qué no le paró los pies, o lo denunció? ¿Tiene esa Casa mayúscula algo mayúsculo que esconder? Las preguntas se van sucediendo, las dudas se amontonan: ¿Por qué si el Rey era pobre (suponemos que relativamente, claro, por un respeto a los pobres de verdad) se ha hecho tan rico? ¿De dónde le han venido las riquezas?...

-¡Nadie se se hace rico trabajando honradamente! -sentencia el clamor popular.

Que el pensamiento del pueblo se les vaya de las manos, a esas fuerzas económicas de banqueros, empresarios, eclesiásticos o militares, cuando al fondo aparece una alternativa de esperanza llamada República, no pueden consentirlo, les hace temblar. La República, en España,  siempre ha sido cosa del pueblo. Ya lo dice, además, la etimología de la palabra: república: cosa del pueblo. Hay sin embargo, dentro del mismo pueblo ciertos personajes que preguntan ensuciando el porvenir republicano:

- ¿Qué república? Porque hay repúblicas y repúblicas y monarquías y monarquías.

Es pregunta legítima. Aunque, aquí y ahora, es una manera de echarle un guante a la monarquía, heredera del franquismo. De darle oxígeno a un estado monárquico que hace aguas por la parte que mejor parecía que la tenía taponada: el Monarca, la Casa Real, el Juancarlismo. Pero ya conocemos esos argumentos en los que nos hablan de las monarquías escandinavas. Sabemos de esos desorientadores dentro del pueblo español, y de su curriculum primero revolucionario y luego vendedores charlatanes de valetudinarias monarquías. No hace falta decir nombres. Y para esos razonamientos tenemos aquella frase de Bergamín (D. José):

-Hacerse el sueco (Monarquía, Suecia) es hacerse el sordo.

Y esos poderes fácticos (con unos cuantos políticos) se hicieron los suecos poniéndonos una monarquía, con un rey educado por un dictador fascista, escamoteándole al pueblo el referendun monarquía / república con otra consulta engañosa, un  rey que es jefe de estado y, según la Constitución Monárquica, jefe de los ejércitos de tierra, mar y aire, ¡ahí nada, y dicen que puro monigote!, un rey, al principio, nada querido por proceder de donde procedía y que durante estos años han querido popularizarlo transformándolo en un borrachín, simpaticón, campechano... 

-Y ahora nos llega un gilipollas, un yerno demasiado ambicioso, vasco para mas señas -maldice uno.


-Puede que sea un separatista -dice uno.


-Hasta un submarino de ETA -señala el de mas allá.


-Todo podría ser -añade un cuarto.


-Le diremos a Su Majestad que lo estudie -determinó el primero.

-Cualquier cosa antes de que se abra la veda; y jueces, prensa, radio y televisión indaguen en la Casa Real desestabilizando nuestra querida corona. 


Y es que se dan cuenta que de seguir así las cosas ya no se podrá sostener que los miembros de esa real casa sean intangibles, intocables ante la miseria reinante: el paro, los deshaucios, el desasosuego, las estrecheces... No es de recibo.

El pueblo, decíamos, ya se está haciendo preguntas: ¿No será el Caso Urdangarín la punta del iceberg?... ¿No se haría la Casa Real ignorante a sabiendas?... ¿Por qué tantos meses sin dercir nada?... ¿Por qué ahora aparta al yerno de los actos oficiales? Y sobre todo, ¿por qué en estos momentos dicen en la Casa Real que quieren ser transparentes con sus cuentas? ¿Por qué antes eran opacas? Y si quieren ser claros como el agua, ¿por qué no hacen públicas sus cuentas desde el origen?... Preguntas y mas preguntas.


El Caso Urdangarín está haciendo tambalear esta Monarquía. Una Monarqquía heredada del franquismo. Una Monarquía, como Estado, que permite a un partido, el PP, tener mayoría absoluta con solo el 30 % del electorado. Una Monarquía que ha aglutinado a franquistas y partidos de la oposición en su marco antipopular. Una Monarquía de la clase burguesa, donde utiliza las instituciones para enriquecerse y empobrecer al pueblo. Una Monarquía que despilfarra el dinero en aventuras militares por varios paíse del mundo con tal de tener contento al Ejército, mientras hunde a millones de trabajadores en el paro.

El que los trabajadores se hagan preguntas, despierten, y deriven su pensamiento hacia senderos difíciles de controlar les preocupa a los poderes fácticos. Eso les tiene en un sinvivir. Y es que el pueblo posee, es verdad, en el horizonte del amanecer a la República. Eso si les preocupa. No los urdangarines y juancarlos. 

¿Urdangarines y juancarlos? No les importan a nadie. Ni a esos poderes. Se buscan otros. Y solucionado. Lo malo, para ellos, es que, antes, el pueblo, tome conciencia de la inutilidad y perjuicio de la Monarquía y proclame la República. Como en el 1931. Y la República, en España, de siempre, históricamente hablando, es cosa del pueblo y no de unos pocos.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Envidia cochina


Era un día soleado de noviembre. 

Había salido a pasear sin rumbo fijo. 

Se puso jersey y chaqueta. Por si acaso. En noviembre, y ya a últimos de mes, el sol luce engañoso, pensó. 

En ese caso sus barruntos invernales no le fueron fieles. ¿Por qué? Pues, porque si efectivamente no hacía calor, al sol sin embargo se estaba muy bien. 

Subió por una calle empinada. Calle que, por su lado derecho, se abría a unos vallecitos y colinas bañadas por el sol. Bosques de pinos subían por colinas y los chopos caminaban siguiendo a los riachuelos mecidos por el vientecillo de la mañana. A ratos se paraba hasta que las molestias 'cordiales', que así se llaman esos síntomas de angina de pecho que desde hace poco mas de un año le aquejaban, desaparecían.

En una de esas paradas se apoyó en una tapia con verjas pintadas de verde. Por la pared -se fijó- andaba una mosca. Muy raro a estas alturas del otoño. Pero, en fin, lo mismo que su cuerpo agradecía los tibios rayos de sol, es de suponer que la mosca, despertada por ellos, estaría alegre por lo mismo. Era verde, de un verde brillante, metálico. Casi fulguraba. Era, lo reconocía, hermosísima. Pero él le tenía un cierto respeto a este tipo de moscas. Respeto quiere decir prevención y por eso quería irse de allí.

-¡Niñerías! Lo reconozco -se dijo para si.

Niñerías, había musitado. Y nunca mejor dicho pues fue durante su niñez, en su pueblo, que se oía decir que eran embajadoras de la muerte. 

-Su colorido -decían los labriegos- está puesto por el diablo para atraer a personas incautas. A las que, luego, pican inoculándoles veneno.

-¡Bobadas! -siguió murmurando por segunda vez.

Pero esas bobadas, esa niñerías, se quedan prendidas muy dentro y, por mucha carga de racionalidad que uno se meta en el cerebro, siempre queda algo, en el subconsciente, del que es difícil librarse. 

Decíamos que este paseante se iba a despegar de la tapia y huir de allí como alma que lleva el diablo. Pero la mosca se le adelantó y emprendiendo el vuelo se fue. Quizás intuyó que, él, con el cayado, quería atizarle un mandoble para matarla y no esperó el golpe.

Dejando a un lado el cayado se agarró con ambas manos de los barrotes de la verja. De los que tuvo que desprenderse inmediatamente porque un perro, con muy malas intenciones, se lanzó contra él ladrando y asomando por su boca unos dientes afilados, para él, como cuchillas de afeitar. Fue un instante pero los latidos de su corazón se le aceleraron sonándole como tamtames redoblando. O eso le parecíó.

Alguien, no vio quien, llamó al perro; y este, sumiso, se dio la vuelta de mala gana y se marchó. 

Fueron unos segundos de sobresalto. Después se fue calmando poco a poco, dándose cuenta, como se dio, que el perro nada podía hacerle pues lo separaban del mastín unas verjas de hierro forjado, pintadas de verde, macizas, duras, consistentes y con profusión de arabescos, que impedía al animal atravesarlas. 

Por cierto, se fijó en que algunos de los adornos estaban rotos. El darse cuenta de ese detalle sin importancia, se debió, a lo mejor, para quitarle hierro al miedo que había pasado.

-¡Qué bien me hallo al sol! -exclamó.

Los vallecitos y colinas, como ya se ha dicho, mostraban a la vista del maltrecho caminante su belleza.

Restregó sus ojos con el paisaje, que se le ofrecía a la vista, mil veces mirado y otras tantas admirado. 

Algunas veces, incluso, hay que reconocerlo, la envidia penetraba como un berbiquí  por sus ojos taladrándolo, al contemplar, como lo hacía siempre que paseaba, esa riqueza que otros, no él, disfrutaban. 

-Muchos años trabajando... ¿para qué?...  -se preguntó- 

-Total: me encuentro solo y sin nada: una mano adelante y la otra. atrás.

Se quedó como un bobo mirando frente a la verja el caminito por donde se había ido, a regañadientes, el perro...

Y fue entonces cuando la vio. Al fondo. Recostada en la colina. Recibía los rayos del sol con avaricia; con la avaricia propia del que, teniendo mucho, aun quiere mas. 

-Por otra parte natural -pensó-. Nada del otro mundo.

Él hacía algo parecido. Con una diferencia, claro: tenía que conformarse caldeando, templando sus huesos al sol de finales de otoño entre el humo de los tubos de escape y el ruido de los coches; y ella, para mas recochineo, recostada, allí, en la colina, en el silencio, rodeada de árboles y con mesas y sillas y sillones en la terraza, acariciada, además, por todas partes por los rayos, bienhechores, de Helios, el dios de dioses.

Ahí radicaba la diferencia, en eso residía: Ella, la abundancia; él, la escasez. Diferencias que los pobres, como él -históricamente hablando, nada mas, pues él, para que mentir a estas alturas de la vida, no había levantado los ojos del suelo cuando el patrono le ordenaba algo- habían querido barrer luchando contra la desigualdad en revueltas aquí, allá, acullá... por todos los lugares de la tierra. Es mas, habían llegado a constituir diferentes ideologías, para justificar su combate; a saber: socialismo, comunismo, anarquismo... Revueltas, todas, teñidas de sangre. Y no le extrañaba. 

-Porque, vamos a ver -pensaba- los propietarios no van a dejar, así como así, que un pobre como yo tome posesión de su propiedad.

No hay mas que ver la señal de alarma que tenía esa tapia enrejada y el perro que casi le deja la sangre congelada por el susto hace unos momentos.

Ellos, los amos, los ricos, los propietarios, son, a la vez, explotadores; es decir: roban al trabajador una parte del producto de su trabajo, la plusvalía llaman; conocen, por tanto, a los trabajadores; y saben que, estos, si pudieran, los dejarían sin un ochavo, en los puros huesos, apropiándose de lo que, antes, ellos, los patronos, los ricos, los propiterarios, los explotadores, les han quitado de su salario...

Se acordó, en esos momentos, de lo que decía, mas o menos, Frantz Fanon en su famoso libro 'Los condenados de la tierra': Ellos (los colonizados) desean tomar posesión de las propiedades de los colonos, entrar en sus casas, echarse en sus camas y, si es posible con sus mujeres, mejor.

Justo lo que él  deseaba en ese momento, ahora que la contempla a ella, allí, en la colina, hermosa, acariciada por la hebras de oro de Helios, el calentador de cuerpos, que la penetran a raudales. 

Bueno, bueno, hablando de penetrar, él si que penetraría... hasta el fondo, pensaba relamiéndose los labios. Aunque la angina de pecho se le alborotara. Aunque las molestias 'cordiales' se volvieran agresivas. Aunque... 

Pero, ¿cómo iba, él, a llegar hasta allí para penetrar en ella? A ver, ¿cómo conseguiría entrar en la casa de la colina si estaba rodeada de verjas sólidas, protegida por sirenas de alarma y por perros feroces? 

-¡A ver! ¡¿Cómo?! ¡Que me lo expliquen, joder!

Se separó de la verja. Y dándose la vuelta regresó a su casa... Bueno, no era ni suya. 

¡Ah, ese día soleado de noviembre! 

Paseando. 

A eso había salido. 

A aprovecharse del sol. 

A nada mas. Como siempre.


viernes, 6 de mayo de 2011

Otto René Castillo (*): Intelectuales apolíticos (1)


Un día,
los intelectuales apóliticos
de mi país
serán interrogados
por el hombre
sencillo
de nuestro pueblo.

Se les preguntará
sobre lo que hicieron
cuando
la patria se apagaba
lentamente,
como una hoguera dulce,
pequeña y sola.

No serán interrogados
sobre sus trajes,
ni sobre sus largas
siestas
después de la merienda,
tampoco sobre sus estériles
combates con la nada,
ni sobre su ontólogica
manera
de llegar a las monedas.
No se les interrogará
sobre la mitología griega,
ni sobre el asco
que sintieron de sí
cuando alguien, en su fondo,
se disponía a morir cobardemente.

Nada se les preguntará
sobre sus justificaciones
absurdas
crecidas a la sombra
de una mentira rotunda.

II

Ese día vendrán
los hombres sencillos,
los que nunca cupieron
en los libros y versos
de los intelectuales apolíticos
pero que llegaban todos los días
a dejarles la leche y el pan,
los huevos y las tortillas,
los que les cosían las ropas,
los que les manejaban los carros,
les cuidaban sus perros y jardines,
y trabajaban para ellos,
y preguntarán:
'¿Qué hicistéis cuando los pobres
sufrían y se quemaban en ellos,
gravemente, la ternura y la vida?'.

III

Intelectuales apolíticos
de mi dulce país,
no podréis responder nada.

Os devorará un buitre de silencio
las entrañas.
Os roerá el alma
vuestra propia miseria,
y callaréis,
avergonzados de vosotros.
___________
(*) http://www.literaturaguatemalteca.org/Otto.html

(1) Leído en el poemario 'Vámonos, Patria, a caminar'

 (Del libro 'POESÍA REVOLUCIONARIA GUATEMALTECA. de Mª Luisa Rodríguez. Edita: Zero, S.A. Madrid, octubre 1969)

lunes, 2 de mayo de 2011

Julio Fausto Aguilera (*): La batalla del verso (1)

Con un verso,
es verdad,
no votas a un tirano.


Con un verso no llevas pan y techo
al niño vagabundo,
no llevas medicinas
al campesino enfermo.


Sobre todo, no puedes
hacerlo ahora mismo.


Pero... Vamos a ver:


Un verso 
bien nacido y vigoroso,
y otro más encendido,
y otro más desvelo,
y otro verso más fuerte y más veraz,
le dan vida
a un sueño que recogieron tierno,
y ese sueño de muchos, ya nutrido,
se vuelve una conciencia,
y esa conciencia, una pasión, un ansia...


Hasta que un día,
todo
-sueño, conciencia, anhelo-,
compacto se organiza...
y entonces
viene el grito,
y el puño,
y la conquista...


En la efigie de la conquista brilla una diadema: el verso.
___________
(*) http://www.deguate.com/artman/publish/personajes_poetas/julio-fausto-aguilera.shtml
(1) Del libro 'Poemas fidedignos', febrero de 1967.

(Del libro 'POESÍA REVOLUCIONARIA GUATEMALTECA. de Mª Luisa Rodríguez. Edita: Zero, S.A. Madrid, octubre 1969)