Copla II
No tengas miedo de morir. El vaso de agua se
derrama veloz dentro de la espectante copa.
Robert Mezey
No temas, vas hacia donde estabas antes
de que el nacer te empujara hacia esta fría luz.
Roberto Mezey
______
(*) El título se lo hemos puesto nosotros
A la revista 'Caminar Conociendo', nº 2, se le han ido agregando escritos. Si desea ojear el número de ella retroceda hasta encontrar el índice, el staf o los titulares de la misma.
viernes, 27 de julio de 2007
martes, 24 de julio de 2007
Jaim Sabines: Tía Chofi
Vas a ser olvidada de todos
como los lirios del campo,
como las estrellas solitarias,
pero en las mañanas, en la respiración del buey
en el temblor de las plantas,
en la mansedumbre de los arroyos,
en la nostalgia de las ciudades
serás como la niebla intocable, hálito de Dios que despierta.
*
Jaime Sabines
(México)
como los lirios del campo,
como las estrellas solitarias,
pero en las mañanas, en la respiración del buey
en el temblor de las plantas,
en la mansedumbre de los arroyos,
en la nostalgia de las ciudades
serás como la niebla intocable, hálito de Dios que despierta.
*
Jaime Sabines
(México)
Etiquetas:
Literatura latinoamericana,
Poema,
Sabines
viernes, 6 de julio de 2007
Txabi Etxebarrieta: Amaneciendo
En la holgura de los ojos
veo mis manos
que son como carriles en el amr.
Bilbao
es una cúpula de gaviotas
equilibradas por la luz.
Cada vez que emprendo el camino de mi mismo.
Me he preguntado repetidas veces:
¿Quiénes son los míos?
El silencio amplio
con que vuelan los pájaros en el campo
Con tu nombre extendí sobre la lluvia
mi país húmedo y hermoso.
El mar, cada vez más entero
entre los largos atardeceres en la carretera
hacia ti.
El unificado campo del Universo
cobra su distorsión más honda y dolida
cuando entorno el espíritu
y tu sonrisa renace en mi.
Txabi Etxebarrieta
25/9/67
veo mis manos
que son como carriles en el amr.
Bilbao
es una cúpula de gaviotas
equilibradas por la luz.
Cada vez que emprendo el camino de mi mismo.
Me he preguntado repetidas veces:
¿Quiénes son los míos?
El silencio amplio
con que vuelan los pájaros en el campo
Con tu nombre extendí sobre la lluvia
mi país húmedo y hermoso.
El mar, cada vez más entero
entre los largos atardeceres en la carretera
hacia ti.
El unificado campo del Universo
cobra su distorsión más honda y dolida
cuando entorno el espíritu
y tu sonrisa renace en mi.
Txabi Etxebarrieta
25/9/67
Etiquetas:
castellano,
literatura vasca,
Txabi Etxebarrieta
jueves, 28 de junio de 2007
Aimé Cesaire: El Gran Machetazo

(Para una antología contra el racismo)
El gran machetazo del placer rojo en plena frente
había sangre y ese árbol que llaman flamígero
y que nunca merece tanto ese nombre
como en las vísperas de ciclones
y de ciudades saqueadas
la nueva sangre
la razón roja
todos los vocablos de todas las lenguas que significan
morir de sed
y solo cuando morir tenía el sabor del pan y la tierra
y el mar un gusto de antepasado
y ese pájaro que me grita que no me entregue
y la paciencia de los alaridos en cada rodeo de mi lengua
Aimé Césaire
viernes, 22 de junio de 2007
martes, 12 de junio de 2007
Octavio Robleto (Nicaragua)
Caminar en la noche enseña otro mundo
no se parece en nada a la vida agitada de las calles en el día,
se ve la miseria de otro modo
la soledad del hombre puede ser recogida de la mano.
Octavio Robleto
(Nicaragua)
no se parece en nada a la vida agitada de las calles en el día,
se ve la miseria de otro modo
la soledad del hombre puede ser recogida de la mano.
Octavio Robleto
(Nicaragua)
jueves, 24 de mayo de 2007
Iswe Letu: El Tiempo Pasa

Son notas que van fluyendo, siempre eternas, de una flauta silenciosa y helada que saluda, irónica, a la mañana.
Corriente que, avasalladora, recorre las profundidades de los lentos termiteros, emergiendo, de pronto, ante el espejo.
Es un río soterrado y gélido, recogiendo, estremecido, el desgarro que produce en la mirada inocente de unos ojos claros.
Indiferente mirada en derredor a todo, fría: a un talle cimbreado que ceñimos o a un tibio y alto seno que, lúbricos, tocamos.
¡Ah!, por fin te has bajado, sorprendido, de ese alto muro al que te tenía atado tu tierna y cándida mirada y que creías eterno.
Igual que la mirada, tiernamente angustiosa, sorprendida de su inocencia, del antílope kobo poco antes de su muerte.
Río helado que, fluyendo, avanza por encima y por debajo en la corriente eterna del volcán humano, hasta apagarlo.
Y nosotros colocamos, en el pentagrama de la vida, las notas heladas de silencio, saludando un mañana que no existe.
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